C52: UNA SOLA VEZ BASTARÁ.
Sigrid se dispuso a descender de la carroza, convencida de que el trayecto había llegado a su fin. Acomodó el velo y se inclinó ligeramente hacia la puerta, preparada para abrirla con cuidado. Sin embargo, no tuvo tiempo de hacerlo.
La puerta se abrió de manera abrupta, con una violencia inesperada, y el golpe de la madera contra el costado de la carroza resonó en el silencio nocturno. El sobresalto la hizo retroceder instintivamente.
Frente a ella apareció el mismo hombre que había conducido el caballo, con su figura recortada por la escasa luz, con una actitud completamente distinta a la que había mostrado antes.
La brusquedad del acto la descolocó por completo. Su corazón dio un salto, y, aún sin comprender lo que ocurría, se animó a hablar con voz insegura.
—¿Ocurre algo…?
No obtuvo respuesta.
Como la carroza era estrecha, el hombre no tuvo dificultad en alcanzarla. De un movimiento repentino, la sujetó del brazo con una fuerza que le arrancó un jadeo ahogado y la jaló hacia afuer