C60: MEREZCO SER CASTIGADA.
Sigrid comenzó a restregarse las manos con evidente nerviosismo, entrelazando y separando los dedos una y otra vez, como si aquel movimiento repetitivo fuera lo único que la mantenía en pie. Su voz salió entrecortada cuando por fin se atrevió a hablar.
—Alfa… yo… yo no sé a qué se refiere —murmuró—. No entiendo…
Intentó fingir desconcierto, aferrándose a esa supuesta confusión como a un escudo frágil, aun sabiendo que frente a él difícilmente serviría de algo.
—Te vi en la mansión —declaró Ashe