C58: SON UNOS SALVAJES.
Sigrid no podía dejar de sentirse desconcertada ante la actitud del Alfa. Aquella amabilidad no encajaba con lo que ella esperaba, ni con lo que su experiencia le había enseñado a anticipar de los demás.
En su mente, la explicación era simple y dolorosa: tal vez había tenido suerte. Tal vez Asherad no había llegado a reconocerla y por eso se mostraba así, considerado. Estaba convencida de que, si él la miraba de nuevo, si sus ojos se posaban en esa cara que tantos habían despreciado, entonces todo cambiaría.
Imaginaba gestos de asco, palabras crueles, la misma repulsión que había visto repetirse una y otra vez en hombres distintos, con voces distintas, pero con idéntico desprecio. Ella siempre esperaba lo peor, porque así la habían tratado siempre. No sabía hacer otra cosa que anticipar el rechazo.
Con manos temblorosas, acomodó la tela alrededor de su cuerpo. Se aseguró de cubrirse bien el rostro, con cuidado casi obsesivo, dejando únicamente los ojos al descubierto. Así, protegida t