C51: NO MIRES ATRÁS.

Cedric le dio a Sigrid las instrucciones finales, cuidando que cada palabra quedara perfectamente clara. Le explicó que debía abandonar la mansión a medianoche, sin hacer ruido, sin llamar la atención de nadie y, sobre todo, sin que el Alfa llegara a verla.

—Cuando salgas —le indicó—, no te detengas ni mires atrás. Afuera de la mansión habrá un hombre esperándote. Te he dicho cómo reconocerlo: por su vestimenta y por la carroza en la que estará. Subirás en ella y él te llevará directamente a mi casa.

Cuando Cedric terminó de hablar, se dispuso a marcharse. En ese momento, una idea dolorosa se impuso en la mente de Sigrid: deseaba ver al cachorro una última vez. Quería tomarlo en brazos, sentir su peso, despedirse de él, dejarle un beso, unas palabras que nadie más escuchara. Sin embargo, comprendió de inmediato que eso era imposible. No podía pedirlo. No podía siquiera insinuarlo. Decir que deseaba ver al hijo de África habría despertado sospechas que no podía permitirse.

África, por
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