Cap. 117 Que nadie sepa
Chiara temblaba. Por primera vez, la magnitud de su locura, de su obsesión, se le apareció en toda su crudeza. Había atacado el nido del dragón. Y ahora el dragón estaba frente a ella, y no había piedad en sus ojos.—No voy a matarte —dijo Ares, y la frase, en lugar de alivio, provocó un escalofrío aún más profundo en Chiara.—No hoy. La muerte es rápida. La muerte es un final. Tú... tú necesitas entender lo que es perderlo todo. Lo que es esperar, día tras día, sabiendo que no hay salida. Lo que es vivir con el miedo constante de que, en cualquier momento, la oscuridad vendrá a cobrarse lo que debes.Chiara abrió la boca para hablar, para suplicar, para prometer cualquier cosa.Pero Ares ya se había girado. Ya estaba en la puerta.—Llévensela —ordenó.—Al lugar del que hablamos. Y que nadie, nunca, sepa que existe.Marco entró con dos hombres. Chiara forcejeó, gritó, intentó morder. Pero era inútil. En segundos, estaba inmovilizada, amordazada, siendo arrastrada hacia la noche.Ares
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