Cap. 116 Tú no te preocupes.
Él sonrió. Era una sonrisa que ella amaba, pero en ese momento, bajo la tenue luz de la lámpara, no llegaba a sus ojos.
Esos ojos, los mismos que habían ordenado una cacería humana, los mismos que habían visto sangre sin inmutarse, ahora la miraban con una mezcla de amor infinito y una oscuridad que ella apenas comenzaba a comprender.
—Voy a cambiar —dijo, y la mentira era tan evidente que ni siquiera intentó disimularla.
—Tú no te preocupes. Lo único que quiero saber es si quieres que tengamo