Era el último día de aquellas largas vacaciones, durante este tiempo, Amelia pudo conocer un poco de aquel país y, de paso, un poco del hombre que hoy día era su esposo. Ella se encontraba un tanto desconcertada, pues recién acababa de despertar y se percató de que tanto Luciano como Almendra, no estaban en la suite.- Señora, ¿Va a algún lado? -preguntó uno de los escoltas.Amelia dudó, pero al final, estaba preocupada, pues Luciano no cogía el teléfono, solo había dejado una nota donde decía que había salido con Almendra y que regresarían más tarde.- ¿Sabes a donde fue mi esposo? -preguntó Amelia con cautela.- ¡Oh! -el hombre la miró, dudó y solo dijo. – El señor me dijo que, si gustaba ir algún lado, la llevará, él regresará más tarde.El escolta sabía a dónde había ido su jefe, pero por instrucciones de este, no podía decirlo.- Estoy un poco preocupada, no me dijo nada de que saldría hoy…- Señora D’Angelo, tranquila, el señor regresará más tarde, si gusta ir a algún lado, solo
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