Tras unos breves minutos, se escuchó la voz alegre de un jovencito.
- ¡Luciano! ¡Hermano! Me dijo Paolo que andaban por aquí y quería verlos… -dijo Maurizio con entusiasmo.
- ¡Hola, enano! -dijo Luciano con un tono de voz totalmente diferente.
- ¡Hermano! ¡Eres cruel! ¿Por qué no me has presentado aún a tu esposa? Laura, Paloma, Paolo e incluso Vicenzo ya la conocen y yo, yo no he tenido la oportunidad… -dijo aquel joven apuesto.
Amelia lo miró y le causó un poco de ternura aquella breve interac