Tras aquella charla, Luciano pasó a echarle un vistazo a su hija, quien dormía plácidamente al lado de Valentina.
Aquellas dos niñas, habían hecho muy buenas migas, una porque siempre había deseado tener una hermanita o hermanito y ya no había sido posible, la otra, porque desde bebé había sido tratada como eso, como una hermana menor, lo que la llevaba a sentirse muy amada y mimada.
Luego de verlas, caminó hacía donde sabía que estaba su “esposa”, estaba por llegar ahí cuando una voz dulce lo llamó.
- ¿Cariño?
Luciano no debía ser adivino para saber que aún había una charla pendiente.
- Ángela… ¿Qué sucede? -dijo Luciano volteando a verla.
- ¿Me acompañas a caminar? -preguntó la mujer con calma.
Luciano estuvo a punto de negarse, pero, al final, sabía que debía hacerlo, puesto que Ángela tenía formas poco sutiles de hacerlo cambiar de opinión.
- ¡Vamos! ¿Acaso no estás cansada? -dijo Luciano mirando los enormes tacones de la mujer.
- Sí, pero debes valorar que estoy haciendo un esfuer