Todos los capítulos de Mi exesposo me persigue tras el divorcio.: Capítulo 311 - Capítulo 320
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Inoportuna enfermera.
Negativo.
Esta no es una buena noticia.
¡Estoy embarazada!
No me dejes sola.
Siempre has sido tan amable.
No juegues conmigo, Emma.
El cuerpo de Emma se tensó de inmediato.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Sintió cómo el rostro se le quedaba sin color y se levantó de su asiento cuando los nervios comenzaron a burbujear en su sistema.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ El primer pensamiento que cruzó por su mente fue que Damián había escuchado absolutamente toda la conversación con Marco.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Todo.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ La posibilidad era tan absurda y tan aterradora que sintió que las piernas iban a fallarle.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Marco también se quedó de piedra al ver a Damián.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Sus miradas se encontraron durante unos segundos incómodos, peligrosamente silenciosos.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Y entonces el segundo pensamiento de Emma fue peor.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ ¿Y si todo había sido planeado por Marco?‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ ¿Y si la confesión fue una forma de dejarla expuesta justo cuando Damián llegara?
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¿Piensas huir de mí?
Emma se lo informó como si con aquello pudiera devolverle algo de la emoción perdida, pero Damián apenas se sorprendió.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ No era indiferencia. Simplemente todavía estaba procesando su propia caída desde una felicidad que duró demasiado poco.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ —Ahora entiendo los gritos en la oficina de Mateo, esperaré que terminen de discutir para felicitar a la futura madre.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Emma abrió los ojos con sorpresa cuando Damián soltó aquello.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ ¿Gritos? ‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ ¿Qué tipo de gritos?‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Quiso salir corriendo de su oficina para verificar que todo estuviera bien con Sienna, pero Damián tiró de su cintura y la pegó más a su cuerpo.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎ Luego levantó una mano a la altura de su rostro, dejando a la vista el folleto que había quedado sobre el escritorio todo ese tiempo.‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎‏‏‎‎‏‏‎‎ ‏‏‎‎
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Los ojos no mienten.
Perdón
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