Emma insistió una vez más, y al parecer, sus palabras lograron tocar la fibra más sensible de Sienna. Su vista se detuvo en el rostro de Emma por más tiempo del habitual, como si estuviera pensando en la respuesta correcta. O, más bien, como si por fin se permitiera escuchar una respuesta que ya estaba dentro de ella, enterrada debajo del miedo, de la culpa, del apellido y de todas las preguntas que todavía no tenían solución. Emma supo de inmediato que Sienna acababa de responderse a sí misma cuando las comisuras de sus labios se curvaron ligeramente. Fue apenas una sonrisa casi inexistente, pero estaba allí. Y Emma la reconoció como una pequeña victoria. Sienna estaba dejando de lado el qué dirán. Estaba dejando de imaginar la cara de Mateo, el juicio de los demás, el peso de los Miller. Por primera vez desde que abrió aquel sobre, estab
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