—¡Emma! Por favor, no me hagas esto, despierta. La voz de Sienna llegó desde algún lugar lejano, desesperada y entrecortada, mientras la movía por el hombro. —Te juro que no vuelvo a hacer reservaciones sin consultarte, pero abre los ojos, te lo pido, Em. ¡Marco, no te quedes ahí parado, ayúdame, no sé qué hacer! —Pero, ¿qué le ha pasado? Emma intentó abrir los ojos para hacerles saber que estaba bien, pero le resultaba casi imposible. Los párpados le pesaban al igual que el cuerpo, y no podía mover ni un solo músculo por más que quisiera. —Tenía mucho sueño y se quedó dormida en su escritorio. ¡Por favor, Marco! ¿No estás viendo que se desmayó? Sienna estaba tan alterada que no podía moderar su tono de voz, y aquello empezó a aturdir a Emma. Tardó más tiempo del que habría querido en abrir los ojos
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