Antes de ir a arreglarse para la cena que ya estaban preparando, Emma se acercó al mesero para asegurarse de que todo estuviera tal y como lo habían acordado.
No podía evitarlo.
Necesitaba verificarlo una vez más.
El mesero le mostró el resultado de su trabajo con una discreción impecable. Todo estaba en su lugar: la mesa, las copas, el champagne, el postre, el orden exacto en el que debían servirse las cosas y ese