POV: AuroraLa puerta de la cabaña no tenía cerradura. No la necesitaba.Estaba hecha de madera de serbal viva, con hojas verdes brotando todavía de los marcos, entrelazadas con runas talladas que zumbaban con una frecuencia baja, casi imperceptible.Kieran se detuvo a mi izquierda. Lucian a mi derecha. Ambos estaban tensos, sus instintos de lobo gritando ante la cantidad de magia concentrada en un solo lugar.—Huele a ozono —murmuró Kieran, arrugando la nariz—. Y a ceniza.—Huele a casa —corregí.Empujé la madera viva. La puerta se abrió sin un chirrido.Entramos.El interior era más grande de lo que parecía por fuera. El techo desaparecía en una oscuridad ahumada, de donde colgaban manojos de hierbas secas: lavanda, salvia, ruda y cosas que no reconocía, raíces retorcidas que parecían dedos. En el centro, un fuego violeta ardía en una chimenea de piedra circular, sin leña visible.Y junto al fuego, de espaldas a nosotros, había una mujer.Estaba removiendo el contenido de un caldero
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