POV: Aurora
El silencio en la cabaña no era pacífico. Era un animal agazapado, esperando para morder.
Celeste se había retirado a su rincón, fingiendo dormir, pero sabía que sus oídos de bruja estaban atentos a cada respiración. El fuego en la chimenea se había reducido a brasas rojas que palpitaban como corazones expuestos.
Estábamos sentados alrededor de la mesa. Kieran limpiaba su cuchillo, un movimiento rítmico y nervioso. Ras. Ras. Ras. Lucian miraba un mapa de la Ciudadela, pero sus ojos no se movían. No estaba leyendo. Estaba esperando.
Sabían que algo venía. Lo olían en mi piel.
Me llevé la mano al vientre. La chispa estaba quieta, expectante.
—Dejadlo —dije.
Kieran detuvo el cuchillo. Lucian levantó la vista.
—¿Qué pasa? —preguntó Kieran. Su voz estaba tensa.
—No podemos bajar de esta montaña mañana si no decimos la verdad hoy. —Me puse de pie. Mis piernas temblaban, pero me obligué a mantenerme firme. Ya no era la chica que se escondía en los baños—. Hemos hablado de táctica