POV: Aurora
El sonido de la carne golpeando contra la carne tiene un ritmo.
Paf. Paf. Gruñido. Paf.
Estaba sentada en la hierba, a unos cincuenta metros de la cabaña, intentando levitar tres piedras lisas de río simultáneamente. Celeste me observaba desde el porche, fumando su pipa, corrigiendo mi postura con gestos sutiles de su mano arrugada.
Pero mi concentración estaba rota.
No por falta de disciplina. Por exceso de interés.
Al otro lado del claro, mis compañeros estaban matándose. O eso parecía.
—¡Guardia arriba! —ladró Kieran.
Lucian no respondió con palabras. Respondió con un gancho de izquierda que silbó en el aire.
Kieran lo esquivó agachándose, giró sobre su talón y barrió las piernas de Lucian con una patada baja. El Rey de Hielo cayó de espaldas con un ruido sordo que hizo temblar el suelo.
Hice una mueca. Eso dolió.
Las piedras que estaba levitando cayeron a la hierba. Plof, plof, plof.
—Estás mirando a los chicos —dijo Celeste, con una sonrisa divertida en su voz—. La te