POV: Aurora
La verdad no se cuenta. Se revive.
Celeste no usó palabras para explicarme cómo murió mi padre. Usó humo.
—Dame tus manos —dijo, extendiendo las suyas sobre el caldero donde el líquido violeta burbujeaba perezosamente.
Obedecí. Kieran y Lucian se tensaron a mi lado, listos para intervenir si la magia se volvía hostil, pulsando con esa sobreprotección que se había vuelto mi segunda piel.
—No tengáis miedo —murmuró Celeste, cerrando los ojos—. El pasado ya no puede morder. Solo puede enseñar.
Sus dedos, ásperos y calientes, apretaron los míos.
El humo del caldero se elevó. Se espesó. No se disipó en el aire; se congeló, formando una pantalla tridimensional que llenó la pequeña cabaña. El olor a hierbas desapareció, reemplazado por el olor a asfalto mojado y miedo.
19 Años Atrás.
No lo vi en una pantalla. Estaba allí.
Estaba parada en el arcén de una carretera secundaria, bajo una lluvia torrencial que no me mojaba. Era de noche. Los faros de un coche volcado cortaban la oscu