BIANCALlegamos a la casona en silencio. No es un silencio incómodo, pero tampoco ligero; es de esos que se llenan con pensamientos que ninguno dice en voz alta. Después de que Christian y Gabriela se marcharan, decidimos quedarnos toda la tarde con mis padres, evitando tocar el tema para no empañar el momento. Era mi regreso, y no quería que los fantasmas del pasado se robaran ese espacio.Recorrimos los terrenos, hablamos de cosas simples, de recuerdos, de lo que vendrá… hasta que, casi por casualidad, descubrí algo que me dejó pensando más de lo que esperaba.Adrián.Había sido él.Él fue quien arrendó las tierras a través del administrador, el mismo que ha estado ayudando a mis padres todo este tiempo. No lo dijo antes, no lo mencionó, y entendí por qué en cuanto lo explicó. Sabía que podría tomarlo mal, que quizá pensaría que estaba interfiriendo, o peor… que intentaba “rescatarme”.Pero no.No fue eso.Se enteró de cómo otras haciendas siempre les hacían la guerra a mis padres,
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