BIANCA
Llegamos a la casona en silencio. No es un silencio incómodo, pero tampoco ligero; es de esos que se llenan con pensamientos que ninguno dice en voz alta. Después de que Christian y Gabriela se marcharan, decidimos quedarnos toda la tarde con mis padres, evitando tocar el tema para no empañar el momento. Era mi regreso, y no quería que los fantasmas del pasado se robaran ese espacio.
Recorrimos los terrenos, hablamos de cosas simples, de recuerdos, de lo que vendrá… hasta que, casi por c