BIANCALa mesa directiva me acompaña, y estar sentada en la silla principal me pone los nervios de punta.Pero me gusta.Intento que no se note. Mantengo la espalda recta, las manos sobre la mesa y la expresión tranquila, aunque por dentro siento el corazón latiéndome demasiado rápido.Porque este lugar… esta silla… todo esto, hace no mucho, parecía imposible. Tengo mi asistente personal, su nombre es Diana, es joven y muy profesional. Hasta ahora nos hemos afiatado bastante bien, es una mujer casada, con tres hijos, los cuales ya tuve el privilegio de conocer.Le hago la seña, para que este atenta a todo y me guiña el ojo, alzando la Tablet que tiene entre sus dedos, le sonrío y me devuelve el gesto. Sabe que estoy nerviosa y me estuvo ayudando en la organización de todo esto.Veo miradas de aprobación, pero más de uno aún me observa con recelo, porque que una joven de veintitrés años esté sentada dirigiendo algo tan importante es una locura, por donde se le mire.—Bien, comenzaremos
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