CHRISTIAN
Salgo de la ducha y, mientras paso la toalla por mi cabello, estiro el brazo para tomar el móvil sobre la mesa. La pantalla marca las nueve en punto. Demasiado temprano para todo lo que tengo encima, pero suficiente para empezar a ordenar el desastre que dejé pendiente. Envío un par de mensajes rápidos, aplazo las reuniones para la tarde y dejo el teléfono a un lado, sabiendo que hoy no tengo la cabeza en su lugar.
Bajo las escaleras con paso firme, aunque por dentro todo sigue revuel