La pequeña Melissa, de 5 años, estaba jugando con sus muñecas en su habitación cuando vio por la ventana un coche familiar entrar por el portón de la mansión, y de él bajó el apuesto joven de 20 años con su cabello plateado, al igual que sus cejas y pestañas, ojos azules cristalinos, labios rosados bien definidos, una expresión seria, y como siempre, bien vestido, pareciendo un príncipe, su príncipe.Melissa sonrió ampliamente mostrando los espacios que dejaban ver la caída de sus dientes de leche, y salió corriendo de la habitación.–¡Melissa, ¿a dónde vas?! ¡Cuidado!– gritó la mujer que organizaba algo en la sala al ver a su hija pasar corriendo como un huracán.Melissa fue hasta el jardín y comenzó a recoger rápidamente las flores más bonitas, teniendo cuidado con las espinas aunque recibiendo uno que otro rasguño en sus manitas regordetas.Mientras tanto, Iván salió a recibir a su amigo recién llegado en el porche del jardín.Los dos se estrecharon la mano y se dieron un abrazo, l
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