Gregorio apretó el asa de la taza entre sus dedos. Ya esperaba que ella aceptara la propuesta, pero el hecho de que la hubiera aceptado, por alguna razón lo incomodaba.
Manteniendo la expresión seria, Gregorio volvió a dejar la taza sobre la mesa y dirigió su mirada severa hacia ella.
–Decidiste rápido para alguien que estaba tan reacia–
–Bueno, es como usted dijo, para alguien en mi posición, su oferta es la mejor que tengo, así que seguiré sus órdenes y haré todo conforme usted indique–
Grego