La pequeña Melissa, de 5 años, estaba jugando con sus muñecas en su habitación cuando vio por la ventana un coche familiar entrar por el portón de la mansión, y de él bajó el apuesto joven de 20 años con su cabello plateado, al igual que sus cejas y pestañas, ojos azules cristalinos, labios rosados bien definidos, una expresión seria, y como siempre, bien vestido, pareciendo un príncipe, su príncipe.
Melissa sonrió ampliamente mostrando los espacios que dejaban ver la caída de sus dientes de le