Gregorio sujetó a Melissa por los muslos, y ella lo abrazó por el cuello sin detener el beso. Él se levantó del sofá con ella en brazos, saliendo de la bodega.
Unos segundos después, Melissa percibió el aroma dominante de Gregorio por toda la habitación.
Estaban en su dormitorio.
Pronto su espalda reposó sobre el suave y mullido colchón, con él aún entre sus piernas.
Gregorio se levantó, se quitó la camisa y vio la atenta mirada de Melissa fija en su definido cuerpo. Rió suavemente al ver su ex