Solo algunos minutos después, al Dante recorrer los pasillos de la villa, escucho las voces desde la cocina, no podía confundirlas, esa voz, era de Valentina mezclada entre veces con la risa de Matteo. Se sentía como en Londres, en el penthouse de Valentina, sin tantas preocupaciones por lo que pudiera ocurrir en estos momentos, ama demasiado la risa de Valentina, lo intoxica lentamente y a su vez lo llama como si fuera una polilla hacia una lámpara de luz, solo ella tenía ese toque que lo volvía loco.Cuando entró en la cocina, Matteo ya estaba abrazado a las piernas de su madre, contándole algo sobre la fiesta con entusiasmo renovado. Valentina levantó la vista y sus ojos se encontraron con los de Dante. Hubo unos segundos de silenció. Ella sonrió, pero era una sonrisa cansada, de esas que esconden conversaciones pendientes, ya se lo había dejado en claro desde la última “charla” que tuvieron, pero Dante no se rinde.— Hola —dijo ella, revolviendo el cabello de Matteo. — ¿Todo bi
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