Al día siguiente, Valentina volvió a la biblioteca. Esta estaba exactamente como la había dejado… y, al mismo tiempo, se sentía como si algo hubiera sido movido o cambiado de lugar. Lo notó en cuanto cruzó la puerta, como si el aire mismo le dijera que algo no estaba bien, no era algo visible de inmediato. No había libros fuera de lugar, ni cajones entreabiertos, ni huellas en la alfombra antigua que cubría el suelo de madera oscura. Las cortinas pesadas seguían cayendo en pliegues perfectos, y la luz que se filtraba a través de las ventanas altas proyectaba los mismos patrones alargados sobre las estanterías que llegaban hasta el techo.Pero había una sensación, una perturbación sutil, casi imperceptible, como si la habitación recordara otra presencia.Valentina se detuvo un segundo junto a la puerta doble, con la mano aún en el pomo de bronce frío. Espero, pero no escucho nada. Ni el crujido lejano de la villa, ni el murmullo distante de voces en el pasillo, ni siquiera el tic-tac
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