Matteo decide actuar y observar a Vincenzo.
Matteo bajó a desayunar más temprano de lo habitual.
La mesa del comedor principal estaba casi vacía, apenas preparada con lo justo, un mantel blanco impecable, vajilla de porcelana y el aroma sutil del café recién hecho que flotaba en el aire.
La casa entera parecía aún dormida, envuelta en esa quietud pesada de las mañanas en la villa. Se sentó en su lugar habitual, al lado derecho de la cabecera, sin hacer ruido. Tomó los cubiertos con calma, pero sus dedos apenas rozaban la comida.
No tení