La noche cayó pesada sobre la manada. El entrenamiento había sido exigente y Theo dormía profundamente, agotado. Su respiración era estable, pesada.Greta, en cambio, abrió los ojos de golpe.La luna brillaba alta, redonda, poderosa.Un calor extraño le recorría el cuerpo.—Azu… ¿qué me pasa? —susurró en su mente—. Tengo sed… tengo calor…Se incorporó lentamente. El aire parecía demasiado denso, demasiado tibio. Caminó hacia el baño y se mojó la cara, pero el alivio duró apenas segundos. El calor no venía del exterior.Venía desde dentro, desde el pecho, descendiendo por su vientre, instalándose entre sus piernas como un pulso constante.Azura estaba inquieta.—Greta… creo que… Diosa… no estoy segura, pero creo que estamos entrando en celo.Greta se quedó inmóvil.—¿Qué? Eso jamás me pasó.—A mí tampoco —respondió Azura, nerviosa—. Siempre estuvimos con machos. Yo con Theo, tú con Bark. Pero ahora que nuestras energías están alineadas… que estamos completamente unidas… somos hembras c
Leer más