La luz suave del amanecer entraba tímidamente por la ventana de la habitación.El canto lejano de algunos pájaros se mezclaba con el silencio cálido del cuarto, donde dos camas separadas seguían recordando lo que habían sido… y lo que estaban dejando de ser.Theo despertó primero.Abrió los ojos lentamente, sintiendo todavía el eco del vínculo ardiendo bajo su piel. A su lado, aunque en otra cama, Greta dormía profundamente, envuelta en las sábanas, el cabello revuelto cayéndole sobre la mejilla.Theo no pudo evitar sonreír.Se levantó despacio, con esa delicadeza que solo usaba con ella, y caminó hacia su cama. Se sentó al borde, dejando que su sombra la cubriera, y levantó la mano para rozar su mejilla con la yema de los dedos.Greta pestañeó, suave, lento, como si su alma regresara a su cuerpo con ese toque.Sus ojos celestes se abrieron apenas… y sonrió.—Hola, Theo… ¿Qué hora es?Su voz aún tenía ese tono adormilado que a él le derretía el alma.—Buenos días, Greta. —respondió él
Leer más