CAPÍTULO 33 — La verdad detrás de las palabras.
Greta se sentó al borde de la cama, a un lado de Theo, sin atreverse a mirarlo por completo.
Sus manos temblaban ligeramente mientras jugaba con sus dedos.
El silencio era grueso, expectante, casi vivo.
Finalmente, habló. Su voz era suave… rota.
—Te amé desde que éramos niños —murmuró sin levantar la vista— Desde que jugabas con mi hermano, desde que me defendías de los otros niños, desde que me sonreías como si yo fuera importante.
Cuando crecimos… eras el chico perfecto. Dulce. Responsable. Fuerte. Me protegías igual que Hans y desde ese momento yo…
Su garganta se cerró.
—Yo estaba perdida por ti, Theo.
Él inhaló lento. No la interrumpió.
—El día que caímos al lago… —continuó, con la voz quebrándose— Bark llegó a mí. Yo tenía quince años, Theo. No sabía qué hacer. Busqué, investigué… y todo decía lo mismo: que una hembra con un lobo macho era una aberración, que debía ser sacrificado. Que mi Bark moriría.
Sus hombros temblaron al recordarlo.
—Bark me dijo que te lo contara. Me dijo