Punto de vista de LailaEl corazón me da un vuelco. Por un segundo, no puedo respirar.“Laila”, me llamó la voz suave, profunda, tranquila y firme, proveniente de la parte más oscura de la acera, donde no llegaba la farola.Por un instante, solo veo sombras. Entonces, la figura avanza, con las manos en los bolsillos del abrigo y la expresión tensa, casi insegura.¿Alejandro?Dios mío.Exhalo entrecortadamente. “¿Señor Torres?”Se detiene a unos metros, ni muy cerca ni muy lejos.“¿Qué… qué haces aquí?”. Mi voz sale más baja de lo que pretendía.“No estaba seguro de si debía venir”, admite.Su tono es tranquilo, pero hay tensión subyacente, como si se esforzara por mantener la compostura. “Pero saliste de la oficina con un aspecto… raro. Y con todo lo que ha pasado últimamente…” Hace una pausa, frunciendo ligeramente el ceño. “Solo necesitaba saber que estabas bien.”Mis ojos se posan en su pelo, un poco revuelto, como si se lo hubiera pasado la mano varias veces. Lleva la corbata suel
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