Punto de vista de Laila
El corazón me da un vuelco. Por un segundo, no puedo respirar.
“Laila”, me llamó la voz suave, profunda, tranquila y firme, proveniente de la parte más oscura de la acera, donde no llegaba la farola.
Por un instante, solo veo sombras. Entonces, la figura avanza, con las manos en los bolsillos del abrigo y la expresión tensa, casi insegura.
¿Alejandro?
Dios mío.
Exhalo entrecortadamente. “¿Señor Torres?”
Se detiene a unos metros, ni muy cerca ni muy lejos.
“¿Qué… qué hace