Punto de vista de Laila
—¡Para! ¡Solo estábamos hablando!
—Mentiras —espeta Andrés de nuevo.
Alejandro da un paso al frente, con la mirada endurecida—. Dijo que pararas.
Andrés entra en su espacio. —¿Y si no lo hago?
El aire se espesa.
Un temblor me recorre la rodilla.
—Andrés —susurro, levantando una mano hacia él—, por favor, no hagas esto…
—Oh, lo estoy haciendo —dice con voz sombría, con la mirada fija en Alejandro—. Estoy harto de las mentiras. Estoy harto de los secretos. Y estoy harto de que me tomen por tonto.
—Nadie te hizo quedar como tonto —digo.
Andrés me mira, con una expresión fea deformada: miedo, inseguridad e ira, todo mezclado. Baja la voz, pero las palabras me cortan.
“Le enviaste a otro hombre una foto de lencería, Laila.”
“Fue un error”, susurro.
“Un error que cometería una zorra.”
Todo se detiene.
Oigo la palabra, la siento, y me atraviesa el pecho como una cuchilla sin filo mientras mi visión se nubla.
Alejandro se acerca a mí, más rápido que mi respiración.
Se