Se llevó las manos al rostro y respiró profundamente, tratando de calmarse, pero el vacío en su pecho solo crecía. Por primera vez en mucho tiempo, se sintió completamente sola.Yuri no dijo nada más y salió de la habitación, percibiendo la incomodidad de Sofía al escuchar el nombre de Eliza. La rubia, molesta, se levantó de mala gana y se dirigió al baño, dejando su desayuno a medias. Su apetito era inexistente debido a las náuseas, sumadas al enfado que la embargaba.Se dio una ducha extensa, tratando de aliviar el malestar que sentía, luego se vistió y arregló, decidida a no pasar el día postrada en la cama por culpa de una tonta resaca. Ya había lidiado con otras antes, así que esta no sería la excepción. Frente al espejo, mientras elegía qué aretes usar, la puerta volvió a sonar. Sol se asomó con una gran sonrisa, y Sofía le devolvió el gesto, indicándole con un susurro que pasara.—¡Pero qué sexy! —exclamó Sol con alegría, mirándola de arriba abajo con una expresión pícara y una
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