LIDIAPensaba que aún podía tocarlo, aunque fuera un instante.Pensé que solo tendría que susurrar, sonreír, y él se doblegaría.Pero nada se doblega. Nada cede.— Ezran… murmuro, cada sílaba temblorosa, pero decidida.Sus ojos buscan los míos, suplicantes, amenazantes, pero sobre todo perdidos.— No lo entiendes… yo… es nuestro hijo. Merece…Siento a Ezran retroceder un paso, con la mandíbula apretada, la mirada dura como el acero.El fuego de la chimenea ilumina sus rasgos, pero no suaviza nada.— Lidia, basta dice, con voz calmada pero cortante . He pasado página. Por ti, por mí… por lo que fuimos.EZRANElla parpadea, incrédula, como si mis palabras fueran una traición.Su respiración se vuelve corta, rápida, y la habitación parece encogerse a su alrededor.— ¿Entonces… entonces debería… vivir en otro lado? grita, con la voz rota pero mordaz .— ¿Irme de la casa? ¡Tú… no puedes!Sus manos buscan en el vacío, se aferran a mí, a todo lo que pueden alcanzar.Su cuerpo tiembla, su res
Leer más