GRACIASUna semana.Siete días viéndola tejer su tela, lenta, precisa, paciente.Siete días viviendo en esta casa convertida en un campo de minas.Cada mañana, la misma comedia: su voz dulce llamando a Ezran, sus suspiros frágiles, sus peticiones medidas.Y él… acudiendo. Siempre.Ahora me levanto antes que él.Preparo el café, pongo la mesa, intento mantener el orden de un mundo que se derrumba.Pero todo parece falso.Incluso la luz ha cambiado: se desliza diferente sobre los muros, fría, como si se negara a entrar realmente.Lidia no camina mucho, pero reina.Desde su cama, ordena los silencios, los gestos, las miradas.Sus palabras son agujas.Nunca dice las cosas directamente, no, las insinúa, con ese arte cruel que solo las mujeres heridas dominan.« Gracias, Gracias, por el té… pero la próxima vez, sin azúcar, por favor. Ezran recuerda cómo me gusta el té, tú no. »Dice eso con una sonrisa.Y él, no dice nada.Baja la cabeza, la ayuda a sentarse, le ajusta el cojín.Veo la culp
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