ÉZRAN
No sé por dónde empezar.
Todo es confuso, todo se me escapa, como si la realidad misma se desmoronara entre mis dedos.
En esta casa, cada pasillo me devuelve a ella, a su olor, a su voz, a aquello que intenté enterrar: Lidia.
Incluso su nombre me quema en la lengua.
Creí que podía borrar el pasado amando a Gracias.
Convenciéndome de que el corazón puede elegir.
Pero hay fantasmas que se niegan a morir.
Y este respira, se mueve, crece ahora en el vientre de una mujer a la que ya no quiero