CAPÍTULO 38 — El error de Martín
Carolina entró a su oficina con el cuerpo tenso y el pecho ardiéndole de rabia contenida.
Cerró la puerta detrás de sí con más fuerza de la necesaria y avanzó hasta el frente del escritorio. Apoyó ambas manos sobre la madera, inclinándose apenas hacia adelante, como si necesitara sostenerse de algo para no estallar. Respiró hondo. Una vez. Dos. El aire entraba, pero no parecía alcanzar.
Gritó por dentro sin poder hacerlo, apretando los puños con una rabia muda que le tensaba los brazos.
—Sandy… —murmuró entre dientes, obligándose a respirar otra vez para no llorar de impotencia.
La imagen de esa mujer cerca de Gabriel en los pasillos todavía le hervía en la sangre. La había visto acercarse demasiado, hablarle demasiado cerca, sonreírle con esa falsedad provocadora que Carolina conocía de memoria, esa misma sonrisa calculada que había usado antes… cuando ella todavía dormía en su casa con Mauro y no había visto venir nada.
Otra vez no, pensó con lo