CAPÍTULO 38 — El error de Martín
Carolina entró a su oficina sobrepasada de tensión y con el pecho ardiéndole de rabia.
Cerró la puerta con fuerza y avanzó hasta el frente del escritorio. Apoyó ambas manos sobre la madera, inclinándose apenas hacia adelante, como si necesitara sostenerse de algo para no estallar. Respiró hondo. Una vez. Dos. El aire entraba, pero no parecía alcanzar.
—Ahhhh... —gritó, apretando los puños con una fuerza que le tensaba los brazos.
—Sandy… —murmuró entre diente