CAPÍTULO 39 — Llamadas
Punto de vista de Gabriel
Gabriel cerró la puerta del despacho con cuidado, como si cualquier ruido brusco pudiera quebrar algo más que el silencio. Caminó unos pasos por el pasillo y recién entonces se permitió apoyar la espalda contra la pared, soltando el aire de golpe, como si recién ahí tomara conciencia de que había estado conteniendo la respiración desde hacía demasiado tiempo.
Tenía los nervios hechos un nudo.
No por la empresa de Caro ni por el cargo que ella estaba considerando cederle de manera temporal.
Ni siquiera por el peso real de lo que Carolina estaba dispuesta a poner sobre sus hombros.
Era por ella. Por su esposa.
Porque Carolina estaba pensando en dejarlo a cargo de algo enorme, delicado, frágil como su propia visión, y él sabía que podía hacerlo, claro que lo sabía; no dudaba de su capacidad, de su cabeza, de su forma de trabajar. Pero también sabía que aceptar significaba algo mucho más profundo que un rol o una firma: significaba qu