CAPÍTULO — Antes de la verdad
Gabriel hizo exactamente lo que Carolina le pidió, aun cuando cada fibra de su cuerpo le suplicaba lo contrario.
La fue a buscar al edificio del Grupo Fontes y, por precaución —por ella, por el momento, por todo lo que todavía estaba en juego—, mantuvo la distancia justa frente a todos. Un beso breve en la mejilla, correcto, casi protocolar. Una mano abierta para ayudarla a subir al auto. Ningún gesto que pudiera ser malinterpretado. Ninguna cercanía que levantara sospechas.
Pero apenas avanzaron dos cuadras…
Gabriel frenó de golpe.
El auto se detuvo con una brusquedad que no fue peligrosa, pero sí definitiva, como si el cuerpo le hubiera ganado a la razón. Carolina lo miró, sorprendida, sintiendo cómo el corazón se le aceleraba incluso antes de entender por qué.
—¿Qué…? —alcanzó a decir.
No terminó la frase.
Gabriel se inclinó sobre ella y la besó.
No fue un beso contenido.
Fue urgente, profundo, desesperado.
Un beso que había esperado todo el