CAPÍTULO — La Sala al Rojo Vivo
La sala de reuniones del Grupo Fontes quedó en un silencio incómodo, casi ceremonial, en el mismo instante en que Carolina cruzó la puerta.
No fue casual ni improvisado, sino uno de esos silencios que se imponen solos, que nacen cuando alguien entra con la certeza absoluta de saber quién es y qué lugar ocupa. El saco rojo marcaba presencia antes incluso de que hablara, los lentes perfectamente acomodados no escondían nada, y sus ojos azules, firmes y claros, no