CAPÍTULO — Ver sin ver
Carolina tomó la decisión en silencio, como hacía siempre con las cosas que realmente le importaban.
Se iba a operar pero no todavía.
Antes tenía que dejar todo en orden.
El Grupo Fontes no podía quedar suspendido en el aire por su cuerpo frágil, por sus ojos cansados, por una operación inevitable. No iba a permitir que nadie usara su ausencia como excusa, ni que los errores ajenos se escondieran detrás de su recuperación.
Por eso esa mañana llegó temprano a la empresa, con el saco claro bien acomodado, los lentes puestos y el paso firme… aunque el mundo a ratos se le desdibujara en los bordes.
Veía un poco mejor.
Lo suficiente como para moverse sin chocar. Lo suficiente como para fingir.
Porque eso hacía: fingía.
Fingía que la luz no la molestaba. Que las letras no se le duplicaban. Que el cansancio detrás de los ojos no la quemaba como brasas.
Gabriel estaba a su lado desde que bajó del auto.Pensaban que era un chófer o un guardia.
No hablaba de más. No pregun