CAPÍTULO 34— La visitante que no pide permiso
Sandy entró al edificio del Grupo Fontes sin anunciarse y sin pedir autorización, como si ese lugar no le resultara ajeno, como si —aunque no le perteneciera— ya se sintiera parte de todo lo que se movía allí dentro. Lo conocía. Lo había recorrido otras veces porque trabajó para el Grupo un tiempo. No estaba nerviosa, iba como alguien que siempre observaba desde afuera.
El hall era amplio, luminoso. Los empleados iban y venían con carpetas bajo el