CAPÍTULO — La visitante que no pide permiso
Sandy entró al edificio central del Grupo Fontes sin anunciarse, sin pedir autorización y sin mostrar nervios, como si ese lugar no le resultara ajeno, como si —aunque no le perteneciera— ya se sintiera parte de todo lo que se movía allí dentro. Lo conocía. Lo había recorrido otras veces, como visita, como sombra, como alguien que siempre observaba desde afuera.
El hall era amplio, luminoso, impecable. Empleados iban y venían con carpetas bajo el bra