CAPÍTULO 134— Renata La habitación ya no tenía la presión del CTI, pero tampoco era descanso para ellos. El monitor marcaba cada latido de Lourdes con un sonido rítmico, constante, casi hipnótico. La cánula de oxígeno descansaba bajo su nariz. El suero descendía lento por la vía. La transfusión había hecho efecto, pero su cuerpo todavía estaba pagando el precio de la hemorragia. Su piel conservaba esa palidez frágil de quien estuvo demasiado cerca del límite. Cada respiración parecía medida, administrada, como si el aire también tuviera que pedir permiso para entrar. Martín no se había movido de esa silla. Tenía la barba marcada por la noche sin dormir y los ojos inflamados, pero no soltaba su mano. Cada vez que el monitor variaba un tono, levantaba la cabeza. Cada vez que ella respiraba más profundo, él hacía lo mismo, acompasándose como si pudiera sostenerla desde el propio pecho. Ignacio entró primero, despacio, como si el aire pudiera romperse con un paso brusco. Se acercó a
Leer más