CAPÍTULO 133 — Los ojos que no quiero perder
El hospital todavía vibraba con el eco de la emergencia.
La luz roja del quirófano ya no estaba encendida, pero el miedo seguía flotando en el aire como un olor que no se iba. En el pasillo, las sillas metálicas estaban ocupadas por cuerpos cansados y corazones que habían pasado por demasiado en una sola noche.
Carolina sostenía a Cristian contra su pecho, balanceándolo despacio. El bebé respiraba con esa paz inconsciente que solo tienen los que t