CAPÍTULO 142 — Dos años después Dos años después, la palabra «lucha» ya no sonaba como una amenaza, sino como algo que se había instalado poco a poco en la rutina de la familia. Cristian caminaba solito, aunque las caídas eran bastante frecuentes. El living tenía las mismas esquinas de siempre, pero para él las distancias parecían cambiar justo antes de que pudiera calcularlas bien. La mesa ratona era su enemiga más frecuente; otras veces era el borde del sillón, el marco de una puerta o ese pequeño desnivel que cualquiera atravesaba sin prestarle atención. Habían acolchado varios sectores de la casa para protegerlo y, aun así, los chichones se habían convertido en algo demasiado habitual. —Es un poquito torpe como yo —dijo Betina una tarde, sin maldad—. Caro, no todo es por su problema. Todavía es chico y los niños se caen. Carolina no respondió porque sabía que su madre tenía razón: todos los niños se caían mientras aprendían a controlar el cuerpo, pero con Cristian ocurría dema
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