CAPÍTULO 138 — CEO y padre
Martín llegó a la oficina diez minutos antes de la reunión, no porque estuviera ansioso, sino porque había decidido empezar aquella nueva etapa sin llegar tarde a nada importante.
El edificio lo recibió con el murmullo habitual de teclados, pasos y conversaciones contenidas. Algunos empleados levantaron la vista cuando lo vieron cruzar el hall. No hubo exageraciones, apenas una inclinación respetuosa de cabeza, un «buen día, señor», algún «felicitaciones por su hija»