CAPÍTULO 131 — No me la quiten
El hospital dejó de ser un edificio apenas cruzaron la puerta y se convirtió en un reloj de arena, en pasos apresurados, luces demasiado blancas y voces que pedían documentos mientras Lourdes se doblaba por el dolor.
—¡Martín…! —jadeó, apretándole la mano con una fuerza que él nunca le había conocido.
Martín no la soltó.
No pensaba volver a hacerlo jamás.
—Estoy acá… Estoy acá, amor. Respirá conmigo. Mirame.
Pero Lourdes apenas podía mantener los ojos abierto