Enzo se inclinó hacia adelante.—Lo que creo es que, por ahora, Alfonso mantuvo el equilibrio. Pero también sé que cuando uno mueve las piezas del tablero, otros no se quedan quietos.Guardó silencio unos segundos, luego miró a cada uno, como si hablara no solo como padre, sino como estratega.—Así que escuchen bien: por ahora, las cosas están en paz. Pero eso no significa que no puedan complicarse. Quiero que cada uno de ustedes esté preparado. No para una crisis… sino para una reacción. Porque en este mundo, cuando se toca el orgullo de los viejos imperios, la respuesta no tarda en llegar.Valentina asintió lentamente, como si ya lo hubiera previsto.Alessandro se mantuvo en silencio, pero la tensión en su mandíbula lo delataba.Luca, en cambio, se sentó por primera vez desde que había llegado. Apoyó los codos sobre las rodillas y se frotó el rostro con las manos.—Todo esto... —murmuró—. Adriano, Alfonso, las familias del sur... El club va a quedar en medio, ¿verdad?Enzo lo miró c
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