Mariana había terminado su entrenamiento del día, agotada pero feliz por los avances. Había prometido reunirse con sus hermanas para contemplar juntas la puesta de sol, como solían hacerlo desde pequeñas, cuando todo era más simple y los deberes del clan no pesaban tanto.Josefa, la menor, jugueteaba con una flor mientras esperaban. Sus mejillas tenían ese rubor inquieto que Mariana reconoció al instante —Hermana… — Dijo al fin, casi en un susurro— ¿Crees que si me le declaro a Humo me acepte como su novia? —Mariana dejó escapar una pequeña risa, mirándola con ternura —Josefa, no me molesta que me lo preguntes, pero no sabría decirte. Tú sabes bien que él es complicado —Respondió, recordando la expresión distante de Humo la última vez que lo vio.—Lo sé — Murmuró la joven duende, bajando la vista— Pero me gusta —Neira, que estaba tumbada en la hierba, se incorporó con una sonrisa traviesa —Solo dile lo que sientes. Al final, lo peor que puede pasar es que te diga que no y desaparezc
Leer más